domingo, 19 de octubre de 2008

Elogio de los sentidos


El Otoño avanza con paso cambiante, entre sol y aguaceros, y con pocas novedades más allá de la agitada política municipal o de la hora, que pronto será una menos y siempre me pregunto si también se nos atrasa un poco la vida. Cuesta reinventarse los años. De estudiantes era diferente: cada inicio de curso -en el colegio, en el Instituto, en la Facultad- era la excusa perfecta para irse a la papelería a comprar libretas, bolígrafos y forro para libros que desprendían un fabuloso olor a plástico y a nuevo. Ahora hay muy pocas cosas que desprendan ese olor. El futuro, entonces, no era lo importante, sino las tardes enteras que se hacían noches mientras hablábamos durante horas en cualquier esquina. Me encantaría poder escuchar las cosas de las que hablábamos. Todo estaba por venir.

Con el tiempo dejamos de ser despreocupados para estar siempre ocupados; el futuro nos pilló trabajando, o cansados, o con niños, con mucho que hacer como para dejarnos soprender por el anochecer. Abogo por recuperar tardes como aquellas. Por eso me gusta quedar un día de la semana en el Ibiza a eso de las nueve. No estoy dispuesta a perderme ninguna más de esas conversaciones intrascendentes y memorables.

Poco a poco la ciudad retoma la actividad cultural con propuestas variadas. Además del cineclub los martes y el teatro los fines de semana, regresan clásicos como el Salón de Otoño de Pintura, con obras interesantes que siempre merecen una visita a la Casa Colón y más este año, que lo ha ganado uno de mi pueblo. Ha empezado también el X Encuentro de las Artes y las Letras de Iberoamérica, con una exposición de fotografía y vídeo de José Roberto Levy que se llama Paisajes Humanos: luz y color de América Latina. La podéis ver en el Monasterio de La Rábida. El jueves, Maruja Torres dará una conferencia en el Colegio de Aparejadores, Ojos que no ven, corazón que no siente. Me gusta Maruja Torres, aunque no las conferencias: siempre tienen títulos estúpidos.

A la provincia también regresa otro clásico: la Feria del Jamón de Aracena. En este caso, no se necesita recomendación: es un ejemplo de título no estúpido.

Por lo demás, os recuerdo que aún sigue la exposición de Zitman en el Museo, que estoy segura que la mayoría no habéis ido a ver. Para las tardes nubladas, lo mejor es pillarse unos cuantos libros de temporada. En la librería Beta encontraréis de todo -hay una sección ideal si tenéis cumpleaños infantiles-, lo mismo que en la Biblioteca, que siempre tiene sorpresas agradables, para que la crisis no sirva de excusa.

Aunque ahora llueve con fuerza, hoy he dado un bonito y soleado paseo en catamarán hasta Punta Umbría con mi amiga Mariví y con los alumnos de la Unia. Nos hemos hecho fotos, hemos hablado del Festival de Cine y me he puesto de buen humor. En la plaza Pérez Pastor nos bajamos para estirar las piernas y, durante el trayecto de regreso a Huelva, comimos con apetito y bebimos cerveza en la proa. En la parte de atrás del barco, entre el reguero que deja el motor sobre las olas, tiramos trozos de pan y aparecieron decenas de gaviotas que se peleaban por cogerlas. Chillaban, olía a sal y si te asomabas mucho por la barandilla, casi te salpicaban. Cuando llegamos al Puerto empezaron a caer goterones: la ropa y pelo mojado resultaron perfectos para el calor. Pensé que a veces nos damos cuenta de lo fácil que es disfrutar con los sentidos.

Es todo por hoy. Mi cuñao me dice que ya no mando crónicas con la frecuencia de antes y Edu que en Madrid hay una actividad cultural desbordante. He pensado que, dado que siempre he dudado de la utilidad de mi blog y de mis recomendaciones, podéis quedar entre vosotros y así, todos contentos.

Si alguien ha sentido un ataque de histeria por tener sus ahorros en ING que se manifieste. Por saber si los que somos pobres -que no de espíritu- debemos mantener la fe en algo.

Como última recomendación, un sabor y un olor para Octubre: el de las castañas asadas.

viernes, 3 de octubre de 2008

Entretiempo


Llegó Octubre y nos vamos instalando en ese tiempo en el que ir al cine, la vuelta de Los Hombres de Paco o el último número de Esquire se convierten en pequeños acontecimientos, en ficciones de andar por casa, que son la únicas que se me ocurren para romper la rutina más allá de la crisis. Como véis, hoy comienzo recomendando: Vicky, Cristina, Barcelona, la resurrección de Lucas -aunque se case con otra- y la mejor revista del quiosco en relación calidad, contenido y precio, cabecera americana dirigida a hombres -Man at his best- de la que ya podrían aprender todas las Cosmopolitan y Ana Rosas. La reconoceréis por los impactantes primeros planos de su portada: desde Woody Allen hasta Benicio del Toro. Este mes, en el que la revista cumple un año de su edición española, hacen una especie de monográfico sobre los cómicos y veréis a Buenafuente levantando una ceja. Los 2,95 euros mejor invertidos del mes.

Luego está lo que no rompe la rutina, como los carteles de Se vende, Se alquila o Se traspasa, la Feria de la Tapa y las citas que adolecen de interés en las agendas culturales de los periódicos. Lo confieso: la temporada otoñal me despierta el lado apático. Para sentirme mejor, suelo pedirme una cita previa y me voy al médico de cabecera. Tengo un amplio espectro de síntomas: el martes fui con dolor de oídos y, si con las gotas no me mejora el ánimo, la semana que viene seguramente le pida un volante para un especialista, me vale el de huesos o el ginecólogo. La concesión a la hipocondría consigue que la realidad tenga algo de interés y las primeras lluvias sean mucho más melancólicas.

Mañana vuelve a abrir sus puertas el Gran Teatro con un concierto de Concha Buika, que canta bien, pero no me simpatiza no tanto. La programación: con demasiadas orquestas sinfónicas y viejas glorias de la escena nacional para mi gusto apático, pero con el regreso cineclub que espero que depare prometedoras tardes de martes.

Si os apetece teatro, os invito a mi pueblo, donde hoy empieza el Festival de Teatro de Humor, que traerá todos los viernes del mes excelentes propuestas, como el último montaje de Yllana, Paganini, premio al mejor espectáculo en el Festival Internacional de Teatro de Edimburgo de este año. Será la semana que viene.

Empieza también la temporada de exposiciones: en la Casa Colón, una de fotografía, Mujeres de agua, en colaboración con Intermon, sobre el el trabajo de mujeres y niñas para conseguir agua potable en países africanos. En Cajasol, una de pintura, a beneficio del Alzheimer, que tiene algunas obras chulas. Y una imprescindible: la de Cornelis Zitman en el Museo. Escultura y dibujos.Tuve intención varias veces de pararme en la Casa de Venezuela en Beas camino de Valverde cuando estuvo allí antes que en Huelva. Ahora, a dos pasos, no hay excusa. Sería una pena que pasara desapercibida más allá del día de inauguración. Si estuviera en Madrid, habría colas para verla, seguro. Un fotógrafo amigo me consiguió el catálogo, pero más afortunado se sentirá quien vea las obras de cerca.

Por lo demás, os propongo una temporada de excursiones sin salir de la provincia: la Flecha del Rompido, el Castillo de Niebla, la Corta Atalaya, Doñana, la Gruta de las Maravillas, Ayamonte, para ver el Retablo Mayor de las Angustias y Encinasola, cuando bailen la Danza del Pandero. Son desde hace un rato las 7 maravillas de Huelva. Yo quería votar por mis sobrinos, como maravillas adoptivas, pero no me los admitieron entre las candidaturas.

Os dejo. Además de depresiones, resfriados y recibos de la contribución, espero que Octubre os traiga lo mejor del otoño, toda la moda del Corte Inglés y un pellizco en el Sorteo Extraordinario de la Once. Pero también el festivo del Pilar, el entretiempo, las castañas, las naranjas, el caldo del cocido, luces hogareñas por la tarde, gente en la biblioteca, poemarios, el olor a tierra húmeda, la suavidad de las primeras mantas, el chándal, las zapatillas y ganas de estar en casa .

Suerte a Tino en su nueva vida en Madrid y a los todos los demás, que disfrutéis un cálido reencuentro con los calcetines.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Postales de verano


Cuando llega esta época, siempre me parece escuchar por algún rincón escondido al Dúo Dinámico cantando aquello de el final del verano llegó, amargando el último capítulo de cualquier verano azul imaginable. Hay momentos en la vida en los que uno debe ser masoquista y, para mí éste es uno de los grandes clásicos. Para entrar en situación, tarareo la cancioncilla y hago inventario depresivo: los días son cada vez más cortos y fríos, he engordado cuatro kilos, el pelo se me cae a mechones en la ducha, el moreno va dejando al descubierto las manchas del sol y ya no ponen gazpacho, tinto con blanca ni coquinas en los bares. Y un pequeño detalle para añadir a la lista: sin vacaciones se acabó mi estado feliz e ideal para dar paso a mi estado natural, que es bastante más desgraciado.

Me pasa que cuando estoy de vacaciones intento convencerme de que se puede vivir así todo el año. El lunes volví a trabajar después de creérmelo durante algunas semanas y probé a tomármelo a la inversa. Nueva etapa, nuevos proyectos, nuevos bríos. Y una mierda. Después de las dos primeras horas borrando 253 spams, miré exhaustivamente el calendario buscando algún puente en todos los meses de aquí a diciembre. Al ver que no había ninguno, supe que tomárselo a la inversa se acababa de agotar en el intento. Así que me fui a desayunar y a echar una bonoloto, que es lo que hago en mi estado natural y desgraciado.

Para consolarme, traigo a mi memoria los recuerdos que me evocan un buen verano: el olor a Delial y al salitre de la toalla, mis sobrinos, mi cumpleaños, las ceremonias olímpicas, las orquestas de las bodas, festivales de verano, escapadas al algarve, atún, sardinas y caballas, helados de leche meregada, mojitos, los planetas y deluxe, la feria de Valverde y virgen del Reposo... He conocido una nueva isla, paraíso de bolsillo, le llamaron los franceses. Es tan pequeña como Huelva, pero tiene una barrera de coral y olas que hablan, se hablan 33 lenguas diferentes y se practican 80 y tantas formas religiosas distintas. Viajar me ha recordado que nos queda mucho por vivir y que cualquier lugar en el mundo nos está esperando para que nos demos cuenta. Mi hermano Javier lo explicaba muy buen en un correo que mandó desde el Himalaya.

Pues eso. No me puedo quejar. Cada mes estival me ha descubierto una nueva experiencia: en julio ganamos la Eurocopa, en agosto fui a un balneario y en septiembre he conducido un coche de alquiler por la izquierda. Para despedir las vacaciones y retomar la rutina paulatinamente, el sábado me fui a Sevilla a una despedida de soltera. Eso no es novedad, me diréis, más bien todo lo contrario. Cierto, no lo fue en el contenido, pero sí en la forma: una reunión de tappersex.

Nos juntamos quince tías y una novia en un piso, apareció una chica de La maleta roja con acento de Utrera y empezó a desplegar todo tipo de artilugios olorosos, sedosos y comestibles que conformaban el interior. De la maleta. Me encanta la palabra artilugio. Un par de horas más tarde, las quince tías habíamos perdido la compostura, la novia la vergüenza y la chica de La Maleta roja con acento de Utrera había hecho la facturación del mes. Luego pensé que el nombre de la reunión rendía homenaje a los tappers de toda la vida: se van llenando de los restos que vayas pillando de aquí y de allá y vienen estupendamente para épocas de vacas flacas.

Por lo demás, no me preguntéis nada sobre eventos culturales. Estoy totalmente perdida, y por lo visto los programadores del Gran Teatro también.

Lo único que puedo recomendar es una cerveza mañana, a la hora en la que empieza a caer el sol, en el Prokope, por ejemplo. Nos dará alegría vernos y podremos charlar de esas trascendentales conversaciones que se tienen en septiembre, como inicio del cole, matrículas de gimnasios y los primeros fascículos de colecciones que cuelgan en los kioscos por 2,95.

Presiento un feliz reencuentro.

Se me olvidaba otro de los momentos estelares del verano: colgaron un vídeo mío en youtube que ya suma 85 visitas. Por supuesto, pienso devolvérsela al responsable y no pienso deciros el enlace para encontrarlo.

martes, 22 de julio de 2008

Días felices


Sin querer parecer interesada, os diré que celebrar mi cumpleaños me ha dejado muchas cosas buenas, sobre todo regalos personalizados. Me he dado cuenta de que mis amigos conocen bien mis gustos, por eso me han regalado maravillosas antologías de Mafalda, Maitena, Forges y El Roto. Para las fotos, un álbum y un marco multicolor, y para el verano, tres collares, un bolso para la playa y otros dos para la ciudad. Mi madre y mi hermano me han regalado un par de chanclas -uno cada uno- de diferentes estilos, para que siga recorriendo incansablemente los caminos de la vida.


Nadie recogió la sugerencia de la bola del mundo, pero mi sobrino me hizo un regalo dibujado y hemos viajado con la imaginación durante todo el fin de semana. Ha habido ideas muy originales, como un cartel de Fellini o un vale para un tratamiento en un spa. Alguien me regaló algo que no se puede comprar con dinero: la ilusión de recibir por primera vez un ramo de flores y comprobar que Interflora existe. El premio se lo llevó un sobre a mi nombre: lo abrí y era una invitación de boda para el 8 de agosto. Si voy, tendré que hacer un regalo, con lo cual se cierra el círculo mágico hasta el año que viene.


Migue y Paco me regalaron la cerveza. En el Super8 hubo ganchitos y filipinos y mi administrador administró chapas ochenteras que ponían Yo soy del cumple de Bgo a los invitados y a todos los que iban apareciendo. El sábado compré una tarta en el Mercadona y el domingo soplé las velas con mi sobrino. Creo que en el fondo quería alargar un poco más mi cumpleaños y tantos días de felicidad.


Esta semana me siento un poco huérfana de eventos. Así que como soy de las que no ha ido al Summercase ni a Benicassim ni a ver a Springsteen, yo también me he buscado un festival de verano, por aquí cerca, en Ayamonte. El FEPO'08. Me voy con mis amigas las de las despedidas de soltera y aunque este año no se casa ninguna, estoy planteándome si llevar a Agustín y a Wilson -los muñecos hinchables, para los que tenéis poca antigüedad en el blog- para usarlos de colchoneta en la playa de Punta del Moral.

El Festival tiene dos cosas buenas: un programa variado -con grupos españoles, portugueses y argentinos- y que es gratis. Los más conocidos son Muchachito Bombo Infierno y TriSexual Band, que me dijo Edu que actuaron en las cruces de Berrocal y que eran muy divertidos. Lo tenéis todo en
www.festivaldelponiente.com.


Mañana, dentro de las actividades culturales de los cursos de verano de la Unia, que tanto trabajo dan a la pobre Mariví, la compañía de títeres El espejo negro lleva a Moguer La vida de un piojo llamado Matías. En el Convento de San Francisco a las 22.30. Anuncio intención de ir, por si alguien se apunta.

El viernes, en el Foro actúa Arcángel y el sábado en Niebla, Áyax, de Sófocles, dirigida por Theodoros Terzopoulos, que cualquiera dice que no es griego, y que se estrenó en Beijing con motivo de los Juegos Olímpicos.

Además de círculos mágicos, algunos son cíclicos: la semana que viene empiezan las Colombinas, con Chambao y Bustamante como grandes estrellas, y los espectáculos Huelva y su folclore y Se llama copla como todo lo contrario.

Y así, sin darnos cuenta, nos encajaremos en Agosto, con vacaciones para muchos y ningunas ganas de trabajar para el resto. Propongo recoger sugerencias para llenar de alternativas el mes más pegajosamente español del calendario.

Que disfrutéis leyendo las revistas de verano que llenan los periódicos entre chapuzón y chapuzón.

martes, 8 de julio de 2008

Se busca isla


Julio ha entrado en mi vida de forma impetuosa, un poco anárquico, entre los ecos eufóricos de ser por fin campeones de algo; sin bodas ni bautizos ni comuniones pero sí con muchos festivales de fin de semana y muchos cumpleaños, entre ellos el mío, lo que me recuerda que escribo un año más, luego existo.

Después de un mes de junio de pérdidas y hallazgos, Julio, además de cambiarme la edad, suele traerme siempre algún tipo de mutación. El año pasado, una nueva legislatura y una reflex-digital que cambió mi vida; este año, reformas decorativas en el salón de plenos y un nuevo sobrino a quien enseñarle el mar. Para adaptarme bien a la estación, echo mano de mi colección de rituales: planchar y colgar la ropa de verano en el armario, comprarme revistas que regalen bikinis o chanclas, dormir la siesta en la playa ó hacerme polos de refresco en un molde de plástico que me compré el año pasado para revivir las tardes de verano de mi infancia.

Pero lo que más me gusta, por encima de cualquier distracción, es buscar islas. Es increíble todas las que hay repartidas entre los océanos. El año pasado, en Fitur, asalté el stand de una revista especializada y me vine cargada con varios especiales de lugares como Tonga, Boipeba, Langkawi, Príncipe ó Bastimentos. En Huelva, como somos menos de especiales, me pillo todos los catálogos de Islas Exóticas de las agencias de viajes. Mis preferidas son las del Índico y las del Pacífico, aunque reconozco que nunca he sido buena en geografía y a veces me pierdo entre tanto continente. Ya sabéis un buen regalo para mi cumpleaños: una bola del mundo. Las que tienen una bombilla dentro que iluminan las montañas y los ríos me gustan más. No tengo la culpa de que a mi imaginación le dé también por viajar de noche.

Agenda. El viernes compartirán escenario en el Foro dos grandes artistas, Mariza y Argentina, en una oportunidad de disfrutar del fado y el flamenco en un mismo espectáculo. En Niebla, tras el drama de Ariadna, la Compañía Nacional de Teatro Clásico trae una comedia, Las Manos Blancas no ofenden, de Calderón de la Barca. Se estrenó la semana pasada con muy buena crítica.

Una exposición, por si estáis de vacaciones: Obra gráfica de artistas de la Patagonia, en el Museo. Y la propuesta más freak para el fin de semana es un casting que hacen el sábado en el Hotel El Fuerte de El Rompido. La productora busca personas con dotes para la interpretación y con sentido del humor para una nueva serie de emisión nacional. Como sé que entre vosotros hay algunos peliculeros y muchos friquis, dicho queda.

Dos recomendaciones más: Como la cosa va de viajes, la revista Siete Leguas, con contenido muy cuidado y bellas ilustraciones en la portada, que además suele regalar una guía, en el próximo número la de África. Y esta noche, en la tele, el último capítulo de Los Hombres de Paco. Sé que ninguna historia de amor es eterna, pero nunca perdonaré a los guionistas si dan a Lucas una muerte violenta.

Termino. Mi blog es premonitorio: hablo de la Eurocopa antes de cuartos, y la ganamos; hablo de vuestros cambios de trabajo y veo que se multiplican; hablé de Al Gore y le dieron el Príncipe de Asturias; de Millás, y le dieron el Planeta. Como nunca he ambicionado riquezas, no diré que me haré rica, aunque por si acaso sigo echando la Primitiva. Os diré que lo que realmente necesito es un santero: que alguien me diga si conoce a uno. Es una larga historia. Hace varios años, en Cuba, un santero me echó los caracoles y me dijo que un orisha me advertía que no podía abrir los ojos debajo de agua o nunca lo contaría. Como me acojoné, desde entonces el fondo del mar es oscuro para mí. Busco otro orisha más buena gente que rompa el conjuro y me permita bucear libremente hasta las orillas de islas soñadas.

Gracias a Nadal por emocionarnos a todos en una larga tarde de domingo.
Felices vacaciones a los que las tenéis, y que las rebajas y los sanfermines os consuelen al resto.

jueves, 5 de junio de 2008

Pienso y declaro


En Chile hay una bebida que llaman piscosour, una mezcla de aguardiente de hierbas con limón y azúcar --amarga y dulce, suave y fuerte al mismo tiempo-- que a mí me producía un efecto especialmente feliz. Desde que volví me apetece más que la cerveza. En Santiago nos recibió un Ministro en el Palacio de la Moneda, pero yo me quedo con las comunas del interior, con las carreteras traqueteantes a través de profundos valles de viñedos que conducen a municipalidades donde a las bibliotecas le ponen el nombre de Violeta Parra y a los colegios, el de Víctor Jara, y que terminan junto al mar, en hostales detenidos a orillas del Pacífico donde el invierno se afronta con estufas catalíticas y con un tipo de calidez que nunca antes había sentido.

En los días despejados, los picos nevados de Andes lo rodean todo, como un abrazo circular. Ante lo majestuoso, uno se siente a la vez grande y pequeño; estoy segura de que eso condiciona el carácter. Como invitados, creemos que nos acostumbramos fácilmente al espectáculo y sólo luego, por la ventanilla del avión, reparas en que tu tiempo perteneció a ese otro espacio, mitad real, mitad soñado. Una noche, en Graneros, el alcalde tocaba el bajo en una banda: me adoptaron como cantante y supe que había encontrado mi sitio. Luego, en Valparaíso, mientras un atardecer coloreado desdibujaba distancias, la luz intensa como fuego conjugó en presente continuo el sentimiento de pertenencia.

Los regresos a Huelva siempre son parecidos, con noticias del tipo la inaguración de una cafetería en la Plaza de las Monjas o el maridaje de la gamba y el jamón en Punta Umbría. El tiempo también regresa cada cierto tiempo. Es algo que se percibe en los acontecimientos cíclicos, como cuando vuelve a entregarse el premio Juan Ramón Jiménez de poesía y te das cuentas de que ha pasado un año y que seguro que escribías cosas parecidas en un post como éste.

También me acordé de Photoespaña, en Madrid. Así que esta semana os recomiendo tres exposiciones de fotos: las Imágenes de un año, que recogen 68 fotografías de Efe sobre la actualidad de nuestra Huelva en la Casa Colón; una de Desnudos en la Escuela de Arte León Ortega, que tiene buena pinta, y Retratos de primera mano, de Moisés Fernández Acosta Moi, en Gibraléon, que presenta una interesante visión de personalidades con las manos como protagonistas.

También en Gibraléon, concierto de Manolo García el sábado y en el Gran Teatro, para toda la familia, Alicia en el País de las Maravillas. Lástima que no esté aquí mi sobrino.

No me pidáis mucho más. Tengo jet-lag y ganas de ver a la gente, así que admito invitaciones a cerveza.

Muchos andáis con cambios de ciudad, de trabajo o con nuevos proyectos. Seguro que es momento perfecto y el motor que hace mover el mundo. Suerte en las nuevas andaduras.

Que el tiempo os regale ganas de ir a la playa.

PD. Si no os suena lo de "Pienso y declaro", reescuchad Gracias a la vida. Es mi última recomendación.

martes, 13 de mayo de 2008

La conciencia del tiempo


Después de más de diez años de terminar la Facultad, a alguien de mi clase se le ocurrió la feliz idea de convocar en Sevilla un reencuentro de la promoción para volver a vernos las caras y recordar batallitas de aquella época dorada. Como me encantan que las ideas sean felices, decidí que no podía desaprovechar tal ocasión, así que desempolvé la orla para repasar los nombres, confirmé que por entonces la rebeldía me confería un aspecto de heavy y me revestí de espíritu juvenil para ir en busca del tiempo perdido.

Aunque tengo bastante poca vergüenza, me asaltaron mil dudas antes de entrar al restaurante. No había visto a los que estaban dentro hacía una década. Puestos a echarle imaginación, podía inventarme una vida entera, pero ya era un poco precipitado y me daba pena traicionar a todos mis años de existencia verdadera. Al final, nos reconocimos enseguida y, lo que es mejor, reconocimos que todos habíamos ganado con la edad.

En el grupo había de todo, incluso a quien le había dado tiempo de ir por el cuarto hijo. La profesión nos había llevado a cada uno por un camino: una había estado tres años de corresponsal de la Ser en Jerusalén, otro dejó el periodismo y se hizo actor, y una chica que yo siempre había pensado que era conservadora, me dijo que era sindicalista y me habló entusiasmada del retorno de Julio Anguita y el proyecto de refundación de la izquierda.

Entre pocos canapés y muchas cervezas hablamos de profesores antológicos, del viaje de fin de carrera a Praga, de la generación perdida, de años de idealismo y realidades precarias, de vocación sincera y repudio del sistema, de lo importante de estar hablando de todo eso y, sobre todo, de no haber perdido el buen humor.

Yo acabé en la barra entre el intelectual y el guaperas de la clase, recordando la importancia que la asignatura de estética tuvo en nuestras vidas. Brindamos por todas las películas infumables de Cocteau que tuvimos que analizar y por las fiestas de la primavera. En uno de los momentos de máxima euforia decidí presentarme a la reelección como delegada de curso. Por supuesto, fui designada de forma vitalicia por la asamblea. Creo que como a esas alturas de la noche todos estábamos alegremente embriagados, lo que les convenció fue el lema de campaña: El futuro era esto.

Mientras tanto, el presente aterriza en un martes de cineclub con la última Palma de Oro de Cannes, Cuatro meses, tres semanas y dos días, una díficil historia sobre la práctica de un aborto en la Rumanía comunista de Ceaucescu. Tras el desierto cultural como consecuencia del Rocío, es buena ocasión para echar luego una cerveza. El sábado hay teatro, Mentiras, incienso y mirra, dirigida por Juan Luis Iborra y, por lo que he leído, va en esa línea de las contradiciones de los que hemos superado la treintena.

También el sábado, el primer festival Marabunta Fest, en Puerto Sur, con actuaciones musicales gratuitas desde las siete de la tarde hasta la madrugada. Lo organiza la gente de El Mosquito de Punta Umbría y además del grupo que le da nombre al festival, participarán Son de Nadie, La Selva Sur, Trashtucada, Cinamoon y DJ Benas. Por si alguno conocéis a alguno.

La última recomendación de hoy y cita no habitual: el II Salón Internacional del Cómic, de jueves al domingo en la Casa Colón. Yo tengo una camiseta y el cartel de la primera edición pegado en mi oficina. Este año la autora invitada es Purita Campos. Aunque a muchos no os suene, es la creadora de Esther y su mundo, aquellos tebeos romanticones que a algunas tanto nos hiceron soñar con el primer amor. Pienso llevar uno de los míos para que me los firme. De mis tebeos, no de mis amores.

Como el post me ha salido nostálgico, adjunto foto-metáfora del paso del tiempo, que a veces también se percibe en un trayecto, mirando por la ventana de un coche en movimiento. Es como si, de pronto, los años no nos hubieran hecho mayores, como si encontrarnos -con el pasado, con nosotros mismos- nos rejuveneciera. Probadlo. Sentir que todo se detiene, que nos sentimos bien. Así, el tiempo vuelve a ser algo nuestro, con la conciencia de que podemos dirigir nuestros pasos en la dirección que queramos.

Os dejo con la intención de saldar las cervezas pendientes y la de una feliz permanencia en Primera División.